Juicio por el asesinato Gabriel Cruz: «Lo único cierto que dijo es que ella mató al niño»

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En una sala de 15 metros cuadrados de la Audiencia Provincial de Almería, siete mujeres y dos hombres comenzaron el miércoles a deliberar sobre el futuro de Ana Julia Quezada, la autosatisfecha asesina de un niño de ocho años llamado Gabriel Cruz.

Sentados alrededor de una mesa, con una fuente de agua y un televisor de estilo antiguo con reproductor de DVD, los nueve miembros del jurado comenzaron a considerar qué hechos consideraban probados tras ocho días de audiencias que arrojaron nueva luz sobre los sucesos del 27 de febrero de 2018, cuando Gabriel desapareció, y los 11 días que transcurrieron hasta que se encontró su cuerpo.

Quezada, que entonces tenía una relación con el padre de la niña, Ángel Cruz, confesó el asesinato después de que la policía la sorprendió moviendo el cuerpo de la niña de ocho años en el maletero de su auto.

Anteriormente, había participado en una extensa búsqueda del niño llevada a cabo dentro del parque natural de Cabo de Gata, una zona escasamente poblada del sur de España donde residía el niño. Quezada también plantó una de las camisas de Gabriel en un lugar cerca de la casa de su ex-novio, en lo que la fiscalía describe como un intento de incriminarlo y desviar la atención de ella misma.

Antes de iniciar sus deliberaciones, el jurado recibió un escrito de la jueza encargada del caso, Alejandra Dodero, en el que se dan instrucciones para responder a más de 30 preguntas que les han sido formuladas, según el abogado de la acusación privada en el caso, Francisco Torres. El contenido del documento fue explicado al jurado en audiencia pública por Dodero el miércoles por la mañana.

Los jurados tendrán que decidir ahora sobre los hechos de la muerte de Gabriel en una propiedad rural en Rodalquilar, que Cruz y Quezada estaban renovando. Ellos decidirán si Quezada cometió asesinato premeditado, como ha argumentado la fiscalía, asesinato premeditado con intención maliciosa, como afirma la fiscalía privada, u homicidio imprudente o intencional, que es lo que afirma su defensa.

La acusación por la que finalmente sea condenada marcará la diferencia entre una sentencia de cárcel de tan sólo tres años o la más alta posible según la ley española: una prisión permanente revisable, el equivalente a una cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional después de un plazo fijo.
El fiscal también quiere que Quezada sea sentenciado a 10 años adicionales de prisión por dos cargos de infligir daño psicológico a los padres de Gabriel, ya que durante los 11 días posteriores a la desaparición del niño, hubo una extensa búsqueda de él en la que Quezada participó activamente, haciendo demostraciones públicas de apoyo al padre de Gabriel.
Dentro de la sala del jurado, los miembros del jurado podrán revisar las imágenes del juicio en el reproductor de DVD y consultar los testimonios e informes del tribunal. La tarea que tienen por delante será larga y ardua, y es poco probable que se resuelva hoy.

Alegatos finales

El martes, el último día de las audiencias, la fiscalía y la defensa presentaron sus alegatos finales al jurado. La fiscal, Elena Fernández, describió la animosidad que la acusada albergaba hacia el hijo de su pareja. Gabriel, dijo a la corte, era un obstáculo para el acusado, y representaba un vínculo emocional entre su padre y su madre.
«El desapego emocional que mostró hacia esta niña ha sido comprobado, como también lo fue el caso de su hija Judith», dijo Fernández a la corte. Esa hija nació en Quezada cuando esta última vivía en Burgos, en el norte de España, hace unos 20 años. Judith dio testimonio a través de un enlace de video en el juicio de Gabriel Cruz y testificó sobre la difícil relación entre ella y su madre.

«Ella lo mató a sangre fría», argumentó el fiscal, quien sin embargo trató de desestimar las afirmaciones de la fiscalía privada de que Quezada golpeó al niño y luego lo dejó en apuros durante más de una hora antes de que muriera. Para Fernández, la autopsia fue clara: Gabriel murió en un solo acto de asfixia.
El abogado de la familia de Gabriel, Francisco Torres, fue tan despiadado con Quezada como lo fue durante todo el juicio. Se centró en lo que llamó su «maldad intrínseca», llamando la atención sobre su falta de empatía, «dejando atrás a una niña de cuatro años en República Dominicana, llegando a España, trabajando como prostituta, y luego esa niña cae de un séptimo piso». Se refería a su hija primogénita, que murió al caer por una ventana en el apartamento de Quezada en Burgos, un incidente que fue tratado en ese momento como un trágico accidente pero que ha levantado más sospechas sobre Quezada desde la muerte de Gabriel. «Es una auténtica sociópata», concluyó Torres.
El abogado defensor de Quezada, Esteban Hernández, cerró la sesión con los argumentos más largos. Se tomó 64 minutos para tratar de reforzar la teoría de que la muerte de Gabriel fue accidental, y que el hecho de que ella lo enterrara en una tumba tan poco profunda e improvisada demostró que no había premeditación. Afirmó que Quezada le tapó la boca al niño para callarlo y evitar que la insultara. Cuando se dio cuenta de que la niña había dejado de respirar, entró en «pánico» y «estaba completamente congelada y no podía aceptar lo que había sucedido».
Su defensa también argumentó que ocultó sus acciones dado que no podía confesar el crimen a su pareja, y que también estaba bajo los efectos de pastillas para dormir.
«Que Dios me perdone». Esas fueron las últimas palabras de Ana Julia Quezada en su juicio del martes. Sollozando, también pidió perdón a la familia de Gabriel, «mi hija y toda mi familia, y a todos los que se sienten mal por lo que hice. En general, toda España».

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Miguel Álvarez

Autor: Miguel Álvarez

Redactor senior de TengoNoticias. Amante de la tecnología, los videojuegos y las buenas historias. Licenciado en Periodismo y siempre estudiando algo nuevo.

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